ESTADO ACTUAL DE LA CLÍNICA DE LA MIRADA Y DE LA ESCUCHA EN LA PSICOPATOLOGÍA PSICOANALÍTICA, (II)

Pedro Gil Corbacho.

 

 

 

El psicoanálisis y las psicoterapias psicoanalíticas abrieron así la psicopatología a la clínica de la escucha.

 

Ya no solo se trataba de observar lo que el paciente estaba haciendo, o manifestando a través de su conducta alterada, sino que era esencial escucharle para lograr que él mismo fuera desvelando las fuerzas inconscientes reprimidas que estaban en la base de dichas manifestaciones patológicas, que se manifestaban importantemente en la transferencia de sentimientos hacia el médico y que otorgaban un sentido comprensible a dichos síntomas, a dichos trastornos.

A partir de los años 60 la mera escucha neutral y distante que dejaba fuera el psiquismo del analista fue cuestionado por H. Racker y P. Heimann pues sostuvieron  que la contratransferencia no eran manifestaciones emocionales inconscientes indeseables en el tratamiento, sino valiosos instrumentos técnicos que aportaban más comprensión de lo que sucedía en la sesión psicoterapéutica.

La aceptación de la contratransferencia, esto es la autoobservación de la propia respuesta del psiquismo inconsciente del terapeuta como herramienta terapéutica, cobró una gran relevancia técnica al considerarse que también era un instrumento esencial para poder comprender lo que estaba sucediendo en el psiquismo del paciente, paralelamente a lo que estaba sucediendo en el propio como respuesta, así como en la interacción paciente – terapeuta.

 

Es decir, los instrumentos que actualmente utiliza el psicoterapeuta para alcanzar comprensión y eficacia terapéutica se han complejificado y sofisticado extraordinariamente ampliando su captación de las representaciones inconscientes del paciente, del propio analista y de la interacción entre ambos.

Con ello se ha incrementado el sentimiento de “verdad psíquica” y convicción al producirse una percepción mucho más rica de lo que está aconteciendo en el “aquí y ahora” de la sesión psicoterapéutica que es un reflejo del psiquismo inconsciente e intersubjetivo que se va haciendo progresivamente accesible a través de esta ampliación y sofisticación de las capacidades perceptivas del psicoterapeuta.

 

Se escuchan así los silencios, discriminando los que son tensos o angustiados, depresivos, de bienestar, sorpresa, rabia, de resistencia, negativistas, de agradecimiento, etc….

Y con el patrón de esta atenta escucha de lo inconsciente, va desarrollándose retrospectivamente también en la mirada del psicoterapeuta la percepción de una enorme cantidad de matices, gestos y comunicaciones, antes imperceptibles, que muchas veces pasan a través del propio cuerpo o mente del terapeuta como si fuera un espejo, que permiten intuir o conocer lo que está sucediendo en el tiempo presente, pero también lo que probablemente sucedió en el tiempo pasado y lo que con mucha probabilidad sucederá en el tiempo futuro.

 

Este instrumento de captación es esencial para el diagnóstico, las indicaciones de tratamiento, la identificación de los cambios que se registran en el trastorno o  la prevención de crisis que pudieran agravar el cuadro inicial, o la identificación del ritmo al cual se puede intervenir.

 

La familiarización con este instrumento permite evitar intervenciones que proceden del “furor curandi“, la identificación de la situación clínica del paciente y la adecuación con los medios de que dispone para ayudarle en un momento dado.

Por su especial dificultad, es uno de los aspectos que más se ha cuidado en el diseño del  Master UAH-IEP ya que es una de las herramientas más específicas.

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